domingo, 29 de mayo de 2011

Mapa ambiental de la República Argentina.

Extraído de: La argentina ambiental. Diana Duran (compiladora). Lugar editorial S.A. Buenos Aires. 1998

sábado, 28 de mayo de 2011

Mapas de Riesgos

Algunas consideraciones sobre los “mapas de riesgo”

Por: Armando Campos S.

Con este breve artículo no se pretende hablar en general acerca de los mapas de riesgo, ni examinar sus detalles técnicos, sino reflexionar sobre ciertos puntos relevantes para propiciar un interés más amplio e interdisciplinariamente compartido sobre el tema. Teniendo en cuenta su profuso empleo actual, que se produce en variados contextos -prevención de desastres, epidemiología y seguridad ciudadana, entre otros - resulta necesario examinar críticamente sus alcances como herramientas en la gestión del riesgo.

En la elaboración y uso de estos mapas predominan hoy enfoques fragmentarios, que no siempre responden a una delimitación de objetivos focalizados. Reflejan más bien la vigencia de ciertas concepciones reduccionistas y ponen en jaque ciertos avances teórico-conceptuales muy valiosos. Aunque esto no necesariamente provenga de una intencionalidad deliberada, esta manera de producirlos ha ayudado a revigorizar una concepción físico-naturalista de los desastres, basada en la vieja idea de que éstos no son más que amenazas que se consuman con la contribución de determinadas condiciones peligrosas y factores de “vulnerabilidad física”. Una manera de comprobarlo es revisar los centenares de informes y artículos que aparecen en Internet sobre el tema. En palabras de Maskrey (1998, p: 35):

“En muchos casos, el análisis de riesgos se limita a producir mapas de la distribución espacial y temporal de las amenazas y sus atributos. Bajo la denominación generalizada de mapas de riesgo se producen mapas de amenazas sísmicas, de deslizamientos, de inundaciones, etc. El análisis de la distribución, frecuencia, topología y magnitud de amenazas, sin embargo, representa una evaluación de amenazas y no de riesgos propiamente dichos, ya que no se toma en cuenta la vulnerabilidad”. (cursivas añadidas).

Tomando como punto de partida el problema expuesto, se discutirán brevemente, a continuación, tres cuestiones básicas:

1. ¿Por qué es importante preservar y consolidar, en la producción de estos mapas, una concepción totalizadora del riesgo?

Para responder a esta pregunta hay que remontarse a algunas cuestiones de fondo. La evidente diversidad conceptual que prevalece en la teoría sobre los riesgos de desastre no equivale a una simple “dispersión terminológica”. Aunque ciertamente inciden en ella ciertos reflujos y modas, y una insuficiente comunicación entre saberes, el problema fundamental radica en la configuración de un denso pluralismo teórico, producido por la convergencia de múltiples disciplinas que tienden a capturar trozos de dicho objeto de conocimiento, no pocas veces con pretensiones hegemónicas, y que por añadidura vienen a la cita con sus propias divergencias epistemológicas “internas”. Por lo mismo, una improbable uniformidad semántica pintaría un consenso aparente y la supresión de diferencias de pensamiento que son inherentes al quehacer científico sería aquí, como en cualquier otro terreno, imposible.

No obstante, para avanzar por un camino de unidad en la diversidad, marcado por el despliegue de vínculos teóricos y prácticos entre disciplinas y a la vez por un debate enriquecedor y constructivo, es necesario que contemos con algunas categorías conceptuales integradoras, que nos permitan trazar ciertas perspectivas en común. "Riesgo" es una de ellas.

En el marco de una terminología movediza, la definición de los riesgos de desastre con base en el par dialéctico amenazas « vulnerabilidad se constituyó en la viga maestra de un “enfoque holístico” y representa uno de los acuerdos más promisorios para la comunicación interdisciplinaria en este campo. Por tal motivo, la recurrente reducción del riesgo a una de sus dimensiones, que aparece frecuentemente en la producción de los “mapas de riesgo”, es un paso atrás, que trae consigo consecuencias negativas para la investigación científica, sobre todo cuando ésta se desarrolla con expectativas interdisciplinarias, y puede desorientar las acciones preventivas socialmente organizadas, al presentarle fragmentos artificiales de la realidad a interpretar y transformar.



2. ¿Es posible representar cartográficamente el riesgo, entendido como un proceso dinámico, total y complejo?

Si no lo fuera, la salida más sensata sería no hablar más de “mapas de riesgo” y denominarlos de un modo concordante con sus limitados alcances: “mapas de amenazas”, “mapas de peligros naturales”, etc. La pregunta es más bien qué se representa mediante los mapas de riesgo y la correspondiente respuesta pasa ineludiblemente por una reflexión sobre la naturaleza del riesgo.

Los riesgos de desastre, forma particular del riesgo total que enfrenta una sociedad concreta, se configuran como una relación dialéctica (que no es lo mismo que suma o multiplicación) entre ciertos procesos cuya materialidad se sitúa en un momento de su propia evolución y mantienen una potencialidad destructiva (amenazas), y un tejido complejo de condiciones de existencia social, históricamente determinadas y con presencia dinámica en una población concreta, que posibilitan, favorecen o potencian los daños y pérdidas que la concreción de las amenazas puede producir (vulnerabilidad). Entre ambas dimensiones se plantea una mediación ambiental, es decir, su vinculación se produce siempre en un contexto ambiental particular.
En lo que respecta a las amenazas, conserva su vigencia una rémora físico-naturalista, según la cual éstas constituyen la dimensión “externa a lo humano” del riesgo

1. Suposición que fomenta una falaz separación entre las disciplinas que se ocupan del tema y disociaciones temáticas muy inconvenientes a la hora de producir mapas de riesgo.

¿Hay intervención humana en el origen de las amenazas, específicamente en el caso de las llamadas “naturales”?Bueno, depende de como sean éstas definidas. Si entendemos, por ejemplo, que los sismos y los huracanes “son” amenazas, directamente y por sí mismos, entonces la respuesta tendría que ser negativa. Si, por el contrario, entendemos que un fenómeno natural posible se convierte en amenaza cuando se relaciona con una población humana y se concatena con otros procesos ambientales que allí ocurren, entonces ninguna amenaza (mucho menos las llamadas socionaturales y antrópicas) estaría completamente al margen de la presencia y obra humana. Por ejemplo, la falta o escasez extrema de lluvia podrá provocar una situación de sequía bajo ciertas condiciones básicas, como la erosión y la ausencia de reservas o suplementos expeditos de agua. Pero aún son necesarias otras condiciones socioeconómicas, ecológicas y políticas para que esta situación llegue a poner en peligro la salud de la población afectada. (Perrin, 1996)

Esta ruptura con la inmediatez del peligro natural se encuentra implícita en las perspectivas más actuales aplicadas a la elaboración de mapas sobre amenazas específicas, y parece conveniente desarrollarla más sólidamente. Por ejemplo, Felpeto (1999, p: 85) argumenta que un .mapa de riesgo volcánico es una cartografía de las zonas afectadas por la actividad volcánica en función del valor esperado de pérdidas, para un determinado período de exposición”, puntualizando en seguida que el mapa de riesgo sensu estricto se encontraría entre el “mapa de peligrosidad” (basado en estudios vulcanológicos) y el “mapa administrativo”, que “se realiza revisando y evaluando el mapa volcanológico desde el punto de vista de la gestión de desastres”. Como lo podemos entender, esta argumentación incluye un punto de vista sencillo y a la vez muy promisorio: la información estrictamente vulcanológica (y por ende la relacionada con cualquier .peligro natural.), no resulta suficiente para dar cuenta de un proceso real en que intervienen múltiples prácticas sociales y condiciones de vida.

Pero el punto no se acaba aquí. Las amenazas no se reducen a su materialidad física. Forman parte de la producción social de la realidad y por lo mismo tienen siempre una dimensión subjetiva. Se convierten en problemas cuando son reconocidas como tales por sujetos colectivos concretos. Para relacionarlas con sus efectos posibles, es fundamental conocer las representaciones y atribuciones que la gente amenazada elabora sobre su naturaleza, localización espaciotemporal, interrelaciones, cambios. Las tendencias psicosociales prevalecientes en una población dada sobre estos aspectos, e incluso sus contradicciones más importantes, pueden ser representadas mediante mapas perceptuales o subjetivos de riesgo, cuya contrastación con los mapas de amenaza “objetivos”, elaborados por especialistas, siempre será muy valiosa en el trabajo preventivo.

En lo que concierne a la vulnerabilidad, sucede algo parecido. Tal como ya se ha hecho en América Latina,

2 es posible construir modelos conceptuales de vulnerabilidad con base en ciertos factores corrientemente identificados (económicos, sociales e institucionales, políticos, educativos y culturales) y derivar de ellos sistemas de indicadores para producir datos espacialmente representables. Vista así, la elaboración de mapas de vulnerabilidad no se presenta como una tarea difícil desde el punto de vista conceptual y técnico. Sin embargo, se presentan varias trampas que pueden permanecer semiocultas.

Si se utilizan sin mayor rigor crítico, los factores e indicadores incluídos en este tipo de análisis (necesidades básicas insatisfechas, carencia de servicios básicos, desnutrición crónica infantil, analfabetismo, etc.) conducirán más bien a diagnósticos de pobreza y a hacerla equivalente o sinónimo de vulnerabilidad. Es cierto que la pobreza, el “gran desastre” de la Humanidad, es el principal caldo de cultivo de la vulnerabilidad, y que no se le puede “decir no” a ésta sin luchar contra aquella, pero se trata de procesos cualitativamente diferentes. Sin que esto implique “idealizar” la pobreza, un sujeto colectivo puede tener la oportunidad de organizarse y actuar solidariamente en su propia protección aún en condiciones severas de exclusión y de privación. En consecuencia, un mapa que presente indicadores como los mencionados, servirá como un importante insumo para el análisis de la vulnerabilidad, pero no la mostrará directamente

El análisis factorial de la vulnerabilidad tiene sus límites, porque se trata de un proceso total que no se explica mediante la agregación de factores. Se desprende de esto que los mapas respectivos suministrarán información útil para trabajar en la explicación de la vulnerabilidad, pero esto requerirá siempre una mediación teórica interdisciplinaria.

Si la investigación de vulnerabilidad no pasa por un proceso metodológico auténticamente participativo, se estará determinando la vulnerabilidad del sujeto colectivo según la perspectiva de un investigador externo y no desde la conciencia de riesgo del propio sujeto, aspecto clave de su vulnerabilidad.


3. ¿Cuáles serían entonces los aspectos comunes y diferenciales a considerar en la producción de “mapas de riesgo”?

Con base en lo sumariamente expuesto, es posible reconocer en los mapas de riesgo ciertos propósitos comunes a todos ellos, ligados a la localización espaciotemporal y transformaciones de determinados aspectos del riesgo, y al menos tres componentes específicos que los singularizan: objeto cognoscitivo o temático, encuadre metodológico y objetivos internos.
3 Podemos resumir estos componentes en el cuadro siguiente.




Cierta clase de información, muy comúnmente incluída en los “mapas de riesgo”, puede ser integrada, con los matices pertinentes, en cualquiera de los objetos temáticos mencionados y servirá para establecer relaciones entreellos . Especialmente la relativa a la localización espacial de: a) condiciones peligrosas (por ejemplo, sistemas de drenaje malogrados, puentes en mal estado, concentraciones de sustancias explosivas o tóxicas, etc.) b) bienes inmuebles y lugares propensos a mayor afectación c) datos necesarios para las acciones de emergencia y rehabilitación: sistemas de alerta temprana, centros de atención y albergue, vías de evacuación, servicios básicos, etc.

Será necesario agregar, a estas características, los objetivos externos o “de aplicación” previstos para estos mapas (investigación académica y participativa, educación, orientación y evaluación de acciones preventivas específicas, etc.) y los correspondientes usuarios o destinatarios. Es imprescindible considerar este último aspecto para definir sus cualidades comunicacionales (nivel de abstracción, simbología, etc.).

A manera de conclusión:

i) Un mapa elaborado sobre una dimensión particular del riesgo no será un “mapa de riesgo” (aunque por economía de palabras se mantenga esta denominación) sino un mapa específico para el análisis del riesgo. Por lo tanto, la aproximación a una representación integral del riesgo presupone el uso de mapas variados y complementarios.

ii) Dada la diversidad de aspectos que configuran los riesgos de desastre, la elaboración de mapas “únicos”, capaces de reflejar en su totalidad las condiciones de riesgo de una población, exigiría un nivel de síntesis improbable y quizás innecesario. Parece más razonable pensar en mapas diferenciados, que representen dimensiones específicas dentro del análisis del riesgo, a condición, claro está, que puedan ser interrelacionados interpretativamente, ya que de lo contrario se incurriría en parcelaciones inconvenientes del objeto de conocimiento o, como sucede a menudo, se confundirá el todo con la parte. Para evitar que estas dimensiones se conviertan en fragmentos desconectados, su delimitación y relaciones requerirán un sustento teórico-metodológico interdisciplinario.

iii) Como cualquier instrumento que presente datos, los mapas de riesgo “no hablan por sí sólos”, no sustituyen los recursos cognoscitivos necesarios para comprender su propia fundamentación y significado. Esta aseveración, que raya con lo obvio en el quehacer científico, es también aplicable a cualquier ámbito en que estos mapas se empleen, y por lo tanto es necesario concebir su producción participativa y uso como parte de una acción educativa integral. Asimismo, es esencial tener presente que aquello que se representa cartográficamente como riesgo se revierte en la comprensión del usuario como una definición del riesgo, lo que compromete a una especial vigilancia crítica a quienes elaboran estos mapas o difunden instrucciones acerca de cómo hacerlos.

IV) Los riesgos de desastres, y por lo mismo las dimensiones que los configuran, constituyen procesos en transformación. Por lo mismo, los mapas correspondientes tendrán que construirse, modificarse y utilizarse como representaciones necesariamente dinámicas y cambiantes. Esto ocurre como algo muy propio cuando los mapas se utilizan para evaluar acciones transformadoras destinadas a incidir sobre el riesgo (rehabilitación, reconstrucción, etc.), pero puede perderse de vista en otros ámbitos.


Referencias citadas:
En tanto que la vulnerabilidad (salvo cuando se emplea el término para referirse a cosas tales como puentes o superficies de construcción) sería una dimensión específicamente social.
Véase, por ejemplo, en el libro .Navegando entre brumas. (referencias al final), el trabajo de Alicia Minaya titulado: “Análisis de riesgos de desastres mediante la aplicación de Sistemas de Información Geográfica (SIG)”.
Los objetivos .internos. se refieren a los resultados propios de un trabajo científico dado. Los externos. tienen que ver con los efectos esperados, entre ellos la utilización del producto aportado por determinados usuarios. Estos últimos desde luego inciden en el planeamiento y desarrollo del trabajo, pero su logro depende de múltiples factores externos a su ejecución.
Entre muchas definiciones disponibles, tomamos la propuesta por Díez (1999, p: 49): “un SIG es un conjunto de herramientas para la adquisición, almacenamiento, análisis y edición de información espacial, que se estructura internamente como un sistema gestor de bases de datos georeferenciados”. Por tratarse de un tema respaldado por complejos avances técnicos y sobre el cual existe mucha literatura científica, no haremos mayores comentarios al respecto.
Referencias:
Díez, Andrés: Utilización de los SIGs en el análisis del riesgo de inundación en el Alto Alberche (Cuenca del Tajo) (1999). En: "Los Sistemas de Información Geográfica en los Riesgos Naturales y en el Medio Ambiente".Luis Laín H. Editor. Instituto Tecnológico GeoMinero de España. Ministerio del Medio Ambiente. Madrid, España.
Felpeto, Alicia: Modelos de simulación numérica en el estudio del riesgo volcánico. Aplicación a la isla de Tenerife. En: .Los Sistemas de Información Geográfica en los Riesgos Naturales y en el Medio Ambiente.. Op. cit.
Maskrey, A (editor): Navegando entre brumas (1998). Edición Intermediate Technology Development Group. (ITDG) y Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina (LA RED), especialmente Capítulo 2.
Perrin, Pierre: Disaster and Development. En War and Public Health (1996). Comité Internacional de la Cruz Roja. Ginebra, Suiza.

Fuente: http://www.crid.or.cr/esp_mk_articulo_mapas_riesgo.shtml (28 de Mayo 2011)

viernes, 20 de mayo de 2011

“TARDE O TEMPRANO VA A HABER UN SISMO IMPORTANTE EN LA FALLA DEL LAGO FAGNANO”


Dr. Jorge Rabassa, geólogo del Centro Austral de Investigación Científicas (Cadic) del Conicet, con sede en Ushuaia.

13-05-2011

Fuente: http://www.radiopolar.com/noticia_45960.html



Luego de los importantes sismos que vienen sucediendo en el mundo, y teniendo en cuenta que Tierra del Fuego es considerada zona sísmica el Dr. Jorge Rabassa, geólogo del Centro Austral de Investigación Científicas (Cadic) del Conicet, con sede en Ushuaia recordó que “el último temblor importante de la Isla data de diciembre de 1949 con una magnitud de 7.8 grados de la escala de Richter, el cual se produjo a lo largo de la falla del Lago Fagnano, que es la gran fractura que divide la Isla en dos y que se extiende luego hacia el Este del Océano Atlántico y al Oeste cruzando el Estrecho de Magallanes (Chile) precisamente en el ámbito del Estrecho conocido como el Seno Almirantazgo ahí es donde se produjo el epicentro del 49 con un gran poder destructivo, pudo ser muy grande: pero en esa época vivía muy poca gente en la Isla y mucha menos en la zona del Lago”.

En este aspecto indicó que “si esto sucedería hoy en día con un epicentro mucho más cercano a la ciudad de Ushuaia, el impacto lamentablemente sería muy diferente”.

Rabassa aclaró que “se estima que en zonas sísmicas, como es Tierra del Fuego, hay probabilidades que haya un sismo importante cada 50 años, pero es solo una probabilidad” resaltó.

“Pueden haber dos sismos importantes próximos entre sí y luego un periodo muy largo de quietud” señaló; para luego expresar que “lo único que se puede hacer es una estimación probabilística que estima cada cuanto puede llegar a suceder un sismo importante, pero esto no quiere decir que cada 50 años suceda algo”.

“Hoy la ciencia no tiene los medios para avanzar en la predicción con respecto a una fecha determinada, lo que sí se puede asegurar es que tarde o temprano va a haber un sismo importante en la falla del Fagnano” advirtió.

En esta línea Rabassa explicó que “hay dos cosas que no podemos saber: cuándo se va a producir y el lugar exacto, dado que por la naturaleza de la falla es lo que se conoce como falla trascúrrente, similar a la falla de San Andrés de California el epicentro del sismo puede estar ubicado en cualquier lugar en la traza de la falla”.

Hay que tener en cuenta que “la placa oceánica es procedente del subsuelo del Océano Pacifico la cual se ha ido desplazando hacia el Este a lo largo de millones de años, y ha generado el Pasaje de Drake que es lo que nos separa de la Antártida, y ha roto -hace millones de años atrás- un puente terrestre que unía Tierra del Fuego con la península Antártica.

El otro margen de la placa está ubicado en el extremo norte de la península Antártica en las islas Shetland del Sur lo más cercano”. “La falla no es una sola línea de fractura; hay una que es la principal y después se encuentran numerosas fracturas secundarias. De hecho tenemos una gran fractura que recorre el valle de Tierra Mayor hasta la Bahía Brown, en cercanías de Harberton, lugar donde se une a la falla del Canal Beagle que pasa por enfrente de Ushuaia” detalló.
“Considerando que no es una sola falla; sino que hay varias fracturas sub-paralelas –haciendo que algunas sean más importante que otras según su extensión- están todas íntimamente asociadas, y de hecho una falla como la del Fagnano, dada su magnitud, cualquier movimiento que se produzca va a repercutir sin lugar a dudas en las fallas asociadas” sostuvo. Rabassa enfatizó “cada día que pasa sin sismos; la probabilidad que haya un sismo importante aumenta en la medida que vaya habiendo sismo pequeños a lo largo de la falla, porque la energía se va liberando y no se va acumulando. La corteza de la tierra en ese sentido se comporta como un rígido elástico” graficó.


En referencia a la ciudad de Ushuaia

En los asentamientos como ser “El Escondido” –Rabassa afirmó que- es el área más vulnerable de la ciudad y si desgraciadamente ocurriera un sismo importante, por la inestabilidad de las pendientes y por la fuerte inclinación de la superficie, es donde con toda seguridad se producirían los mayores daños” resaltó.

Agregando que “más de una vez he dicho que ese tipo de asentamientos deben ser limitados cuanto antes, deben encontrarse soluciones habitacionales para evitar la ocupación de áreas de alto riesgo sísmico”.

En este orden el Doctor explicó que “lo que conlleva un movimiento es el deslizamiento de tierra, además, también, hay que pensar que en esta época del año se podría producir un sismo invernal con un paisaje cubierto de nieve, eso provocaría aparte del movimiento de suelo, un deslizamiento y aludes de nieve”.

Para hacerlo más ilustrativos “si miramos hacia la parte alta de Ushuaia -la laderas de las montañas- vamos a ver como el bosque está cortado como si fueran grandes canaletas que han arrasado con todo”. “Eso son aludes de nieve y de roca producidos antiguamente por antiguos sismos ocurridos en la región y eso lo podemos intuir por la falta de recuperación del bosque en esos lugares”. “Esto no es una especulación, sino una observación de la realidad, un interpretación científica cosas que vemos todos los días en el entorno de nuestra ciudad” resaltó.
“El único camino para poder enfrentar este tipo de situaciones es la concientización de la gente; que la comunidad sepa qué debe hacer; qué tipo de material de emergencia debe de tener en su casa; cómo comportarse ante un sismo: y lo fundamental es la concientización de las autoridades tanto Provinciales y Municipales, que son quienes tiene que contribuir con esa labor y crear conciencia. Nosotros desde el punto de vista científico lo único que podemos hacer es informar a través de los medios de comunicación; alertar a la sociedad para que la misma exija a la autoridades un comportamiento acorde”.

Respecto al reciente terremoto de Japón, Rabassa indicó que “hubo un daño tremendo como consecuencia del Tsunami. El sismo mismo, si bien provoco daños, no provoco un número de muertos y heridos graves porque el pueblo japonés tiene cultura sísmica. Cada ciudadano de ese país tiene su mochila de emergencia y sabe lo que tiene que hacer ante un sismo”.
“Ese tipo de enseñanza se tiene que volcar al ámbito de Ushuaia y Tolhuin que serian las zonas más afectadas ante un siniestro del que hablamos. Río Grande está en otra unidad geológica donde el comportamiento del sustrato es totalmente diferente” detalló.
En cuanto a este tema manifestó que “hoy en la televisión local existe una campaña de concientización que ayuda, pero me parece que no es suficiente”. “Debería haber una Ley Provincial sobre la emergencia sísmica, que contemple el accionar, sobre todo de los ámbitos públicos, lo que más preocupa son las escuelas por la seguridad de los chicos; beneficiaría que haya un mecanismo mucho más aceitado que contribuyera a poder enfrentar la emergencia en las mejores condiciones posibles.
Esto debiera ser un política de Estado, donde confluyan permanentemente los esfuerzos de todas las instituciones; no solo las Provinciales y Municipales sino también las Nacionales asentadas en nuestra Provincia; como son la Armada, Prefectura, Gendarmería Nacional”. “Estas fuerzas jugarían un rol importantísimo ante una emergencia de esta naturaleza. Uno quisiera ver una plena articulación de todas las instituciones que puedan tener responsabilidades en el momento crucial de la emergencia” recalcó.
Respecto a las posibilidades existentes que se produzca un Tsumani en el Canal Beagle, Rabassa afirmó que “es posible de hecho han sido descriptos como posibles Tsunami fósiles en la zona costera del Beagle por investigadores del CADIC; por interpretación de fuentes de trasmisión oral por parte de los indígenas originarios de Tierra del Fuego – Yamanas y por elementos geológicos del paisaje”.


“Es altamente probable que si ocurriese un Tsumani en el Canal Beagle afecte estrictamente la zona costera y unos pocos metros más de altitud. Pero de ninguna manera un evento de las características del Tsumani de Japón. Esto es debido a que la posible conformación del foco del Tsumani y el lugar donde podría impactar es muy breve; por lo tanto la onda no se amplificaría. El área que se vería afectada en la ciudad seria la zona de la avenida Maipú” concluyó en FM Artika.


Publicado en Shelknam Sur.

lunes, 16 de mayo de 2011

Tartagal es apenas el comienzo.


Por Raúl A. Montenegro (1)

Artículo publicado en el Diario La Voz del Interior. Jueves 27 de abril de 2006. Sección Opinión.



Aunque Platón ya había descrito las consecuencias de la deforestación en Grecia, cualquier lugareño observador sabe que la tala de un bosque nativo es el primer paso hacia los desiertos. Pero la mayoría de los funcionarios y organismos públicos de Argentina parece ignorarlo. Para ellos es más redituable políticamente hacer obras de cemento, besar a los niños en actos públicos o entregar viviendas, y responsabilizar al cielo por las inundaciones de Tartagal, el Chaco o San Carlos Minas. Todos debemos asumir algunas verdades esenciales. Tener áreas naturales protegidas no es suficiente. La mayoría de las "fábricas" naturales de agua, de suelo y de estabilidad climática están en nuestras zonas montañosas y sus piedemontes, los mismos que se subastan, queman y destruyen. ¿Qué podemos esperar de un gobierno como el salteño, que desafectó terrenos protegidos en el que vivían comunidades indígenas? ¿Podríamos disculpar la ineficiencia criminal de municipalidades que permiten el asentamiento de población en áreas de inundación?. Creemos que no, que Argentina llegó a un límite inaceptable de improvisación e impericia. Los Parques Nacionales de Iguazú en Misiones, de Quebrada del Condorito en Córdoba, o de Las Quijadas en San Luis son hermosos y necesarios, pero no suficientes. Ninguna reserva lo es. Solo aquellos países que conservan el 100% de sus cuencas hídricas activas y más de la mitad de la superficie total de sus ecosistemas naturales pueden eludir las tragedias ambientales y sociales que provoca la deforestación y la falta de planificación. Desde ya, la mayor parte de los gobiernos de Argentina y buena parte de su sociedad civil siguen mirando hacia otro lado. Tartagal es apenas el comienzo.

Las cuencas hídricas son sistemas ecológicos de alta complejidad que generan buena parte de las aguas superficiales y subterráneas de nuestro país. Son gigantescas esponjas de roca, suelos y organismos vivientes que interrelacionaron por milenios el clima y la realidad superficial de los ecosistemas terrestres. Sin vegetación nativa -sin ecosistemas nativos- no hay cuenca activa que pueda funcionar. Pero si por otra parte no se ordena el territorio en la propia cuenca alta, ni aguas abajo, ni en sus zonas de derrame, la tragedia aparece inexorablemente.

En Tartagal se olvidó que había un sistema geomorfológico transparente y predecible, y que además la cuenca activa estaba ecológicamente desmembrada, todo ello en un entorno afectado por el cambio climático global. ¿Cómo pudo permitirse que se desmembrara la delicada integridad de un sistema hídrico tan importante y necesario? ¿Porqué el municipio de Tartagal y el gobierno de la provincia de Salta permitieron que la población se estableciera en zonas potencialmente inundables, o sometidas a colapso del terreno? ¿Quienes fueron los responsables de los pobres o inexistentes planes para enfrentar catástrofes naturales y de origen humano?. Estas preguntas y sus respuestas obvias se repiten en casi todo el país. Aparentemente para el gobierno y muchos sectores de la sociedad es más importante aumentar el cultivo de soja, que ya se extiende sobre más de 17 millones de hectáreas, y asumir el desmonte salvaje como símbolo de progreso. Cada hectárea que hoy se desmonta cuesta la vida de familias y niños que todavía no nacieron. Pero aún así el desmonte continúa en Córdoba, en Santiago del Estero, en Salta, en Chaco, en Formosa, en Jujuy, en Misiones. Se hacen malas leyes y se efectúan peores controles, los gobiernos festejan cada 5 de junio el día del ambiente, y los funcionarios lanzan ambiciosos proyectos de forestación y reforestación cuando lo más importante es evitar que se destruyan los pocos bosque nativos que todavía quedan.

Tartagal está a la vuelta de la esquina. Es una de las tragedias anunciadas que seguirá repitiéndose en Córdoba, en Chaco y en cualquier otra provincia donde los gobiernos y muchos ciudadanos continúen creyendo que la naturaleza debe ser aplastada, emparejada, mejorada. Argentina no soporta una hectárea más de ecosistema natural destrozado. Todos debemos asumir que a la naturaleza solo se la domina obedeciéndola. Pero para obedecerla es necesario que cada uno de nosotros, y cada funcionario, la comprenda. Si bien son necesarias nuevas evaluaciones de la realidad geomorfológica y ecológica de las cuencas hídricas más comprometidas, y de las zonas de riesgo que definen, lo más importante y urgente es prohibir los desmontes y proteger las cuencas hídricas completas. Cualquier otra propuesta es apenas un paleativo o una disculpa política. Los malos gobiernos y los empresarios inescrupulosos ya rompieron demasiado la delicada matriz ecológica de Argentina. Tartagal es un llamado de alerta trágico, y una catástrofe que pudo ser evitada. La respuesta no son obras y cemento, sino sabiduría natural, buena ciencia, políticos responsables y ciudadanos que sepan gritar su sufrimiento.

Mientras las topadoras sigan funcionando en Argentina al amparo de malas layes y supuestos planes de desarrollo sustentable, y los Municipios no aprendan a convivir con las cuencas hídricas, Tartagal, en todo su drama, será apenas un caso más en la larga lista de tragedias sociales y ambientales. Las mismas que anticipó Platón, las mismas que siguen anunciando los lugareños.

(*) Biólogo, presidente de FUNAM, profesor titular en la UNC y Premio Nobel Alternativo 2004.

(**) Foto Gentileza. Diario Página 12

Fuente: http://www.funam.org.ar/